El Antibiograma como apoyo al veterinario clínico

El antibiograma es una prueba microbiológica de laboratorio que nos permite conocer la susceptibilidad o resistencia de las bacterias a uno o varios grupos de antibióticos. Cuando nos encontramos ante un proceso bacteriano, el antibiograma es de gran ayuda para orientar la elección del antibiótico más apropiado. También se emplea en estudios epidemiológicos con el fin de detectar la aparición de resistencias bacterianas y monitorizar su diseminación. En el laboratorio de diagnóstico de NEIKER se emplea un método semicuantitativo basado en el cálculo de las Concentraciones Mínimas Inhibitorias (CMI) para cada antibiótico de elección. Mediante unos puntos de corte establecidos las bacterias se clasifican en sensibles, intermedias o resistentes. Para este trabajo se han seleccionado los resultados obtenidos desde el año 2016 con cepas de diferentes casos clínicos recibidos en NEIKER: E. coli (diarrea en terneros), Pasteurella multocida (neumonías en terneros), y Streptococcus dysgalactiae y Streptococcus uberis (mamitis ovinas). En el caso de E. coli, un 9% de las cepas resultaron resistentes a la amoxicilina/ácido clavulánico (betalactámico), un 35% a la gentamicina (aminoglucósido) y casi un 50% lo fueron tanto a la neomicina (aminoglucósido) como al enrofloxacino (quinolona). La flumequina (quinolona) mostró el peor resultado con el 83% de cepas resistentes. Además el porcentaje de E. coli positivos a betalactamasas de espectro extendido (BLEE) fue del 17%. Las cepas productoras de estas enzimas hidrolizan las penicilinas y antibióticos relacionados, pero son inhibidas en su gran mayoría por el ácido clavulánico. La importancia de las BLEE radica en que los genes que las codifican se encuentran en elementos móviles (como los plásmidos) lo que facilita su diseminación entre las bacterias. En el caso de Pasteurella multocida la totalidad de los aislados resultaron sensibles al ceftiofur (cefalosporina de 3ª generación) y a la cefquinoma (cefalosporina de 4ª generación). Sin embargo, en torno al 30% de las cepas se mostraron resistentes a la gentamicina (aminoglucósido) o el marbofloxacino (fluoroquinolona), mientras que en el caso de las tetraciclinas este porcentaje se incrementó hasta el 67%. En cuanto a los casos de mamitis ovinas, el 20% de las cepas de Strep. dysgalactiae y el 50% de los aislados de Strep. uberis resultaron resistentes a la bencil-penicilina. Como conclusión general, parece claro que incluso para los antibióticos de primera elección en la clínica bovina, no es infrecuente observar cepas resistentes en campo. Por ello, es necesario determinar el perfil de resistencias de la bacteria implicada mediante la remisión de muestras al laboratorio y poder, de este modo, recomendar la administración del antibiótico más adecuado, y con ello evitar favorecer la diseminación de resistencias.

Autor de la fotografía: NEIKER-Sanidad Animal

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